Inesperadamente Macri encontró más dificultades en redefinir su equipo de Gobierno que en definir las nuevas medidas de ajustepara tratar de recuperar la confianza de los mercados.

Decidió conservar el núcleo duro del poder: seguirá Peña como jefe de Gabinete y seguirán Caputo al frente del Central y Dujovne en Economía. Tampoco hará cambios en el esquema de la conducción de la economía repartida en seis ministerios. Los que aspiraban al regreso de una conducción centralizada del área han sido defraudados.

Se desprendió de una porción de su equipo íntimo: dejó afuera o relegó habría que decir a Quintana y Lopetegui, los vicejefes del Gabinete que auditaban a los ministros. Ellos Son Yo dejó de ser un trío. Ahora sólo Peña será los ojos del presidente. Quintana y Lopetegui pasarán a cargos de menor jerarquía. Para Macri fue como amputarse a sí mismo. Mantiene a Peña pero a costa de cercenarle una parte de su poder: difícilmente los nuevos ministros hablen con él en vez de hablar directamente con Macri.

La piedra en el zapato de la reconfiguración ministerial fueron las resistencias del radicalismo a ocupar los lugares propuestos por el presidente. Macri se plantea darle más volumen político al Gobierno y ofreció a Ernesto Sanz el Ministerio de Defensa. Sanz pidió Interior, donde Macri quiere que continúe Frigerio. Analizaron alternativas pero Sanz borró las expectativas a última hora del domingo. Dijo que prefería “quedarse donde está”. La decisión de Sanz fue celebrada por Carrió, la otra socia de Cambiemos.

Nunca son fáciles los acuerdos pero el desacuerdo sorprendió al macrismo tanto como el fracaso en la negociación con los otros dos candidatos radicales. Uno, Lousteau al que imaginaron en Educación, y otro Prat Gay que había aceptado ir a la Cancillería y luego se bajó.

La política sigue sin estar a la altura de la grave crisis.

 

Por Ricardo Roa, para Clarín

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