El mundo ya no es lo que era cuando asumió Macri: ¿hay estrategia frente a estos cambios?

 

A diferencia de lo que ocurrió con la corrida del dólar, esta vez ya no es solo la suba de la tasa norteamericana hacia dónde apuntan los analistas como causa principal, sino al acelerado corrimiento de la inversión financiera a Wall Street. Esto no significa que se pierdan de vista las causas locales: la debilidad de la economía doméstica en una búsqueda incierta hacia mejores equilibrios. El dólar acá subió más que en otros lados y la Bolsa también bajó más.

Los economistas llaman a estos movimientos un corrimiento a colocaciones de mayor calidad. La especulación o proyección principal coincide en que las políticas motorizadas por Trump conseguirán un período de alto crecimiento de la economía norteamericana. Esto, al menos en el corto plazo, que no es nuestro concepto de corto plazo. Un par de años. Forma parte también de la especulación electoral de Trump para las elecciones legislativas de noviembre.

“¿Por qué los votantes inteligentes querrán enviar más demócratas al Congreso, cuando sus políticas acabarán completamente con la gran riqueza creada (por mí) en los meses desde la elección?”, tuiteó Trump ya a fines del año pasado. Nunca descuidó la política. Los beneficios prometidos por sus políticas influyen agrandando la esponja de dólares de la economía norteamericana que distrae, al menos por ahora, de los perjuicios globales en que su guerra de tarifas, entre otras guerras, podría derivar más adelante. Está sacudiendo al mundo, con China y la Unión Europea a la cabeza.

La sacudida afecta fuerte a la Argentina. Los esfuerzos de estabilización económica han puesto en duda la principal certeza política que era una muy probable reelección de Macri 2019. Habrá que esperar hasta el primer trimestre del año próximo para verificar esa hipótesis.

Trump va hacia las legislativas con la economía para arriba y muy fuerte, con crecimiento por encima del 4 %. Macri tiene un semestre o poco más para reconstituir el panorama del que hacía gala hasta que dólar se disparó y la inversión se retiró.

Hay un brete: qué estrategia, si hay alguna, tiene la Argentina para manejarse en esta enorme guerra comercial. Incluso, como acaba del advertirlo el canciller Jorge Faurie cómo pararnos en el propio Mercosur y éste con el cliente principal, China, especialmente con la soja.

Como represalia a los aranceles de Trump, China respondió, incluyendo la soja. Venimos de una sequía y no hay seguridad de que continúen las rebajas a las retenciones. Pese a que Macri diga que no variará esa política, la volatilidad no despeja del todo las dudas.

Aunque se trate de la liga mayor, que nos excede por obvias razones, esta guerra comercial tiene efectos globales de los que no se puede sustraer la Argentina. Y a la vez, por lo que está claro, tampoco el gobierno argentino puede cambiar de vereda, si es que está caminando por alguna.

El mundo ya no es lo que parecía ser hace dos años, cuando Macri anunció el regreso al mundo. Lo que se había proyectado entonces, y en parte se realizó, necesita reflexión y rectificaciones.

El juego entre Trump, China, la Unión Europea y Putin cambia reglas y modifica la realidad económica y comercial.

Argentina estará sometida a las consecuencias de esas tensiones de afuera y a las internas que se van a incrementar.

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